
Diógenes el cínico, filósofo griego, ha dado nombre a un trastorno de las personas que se caracterizan por su aislamiento social, llegando a recluirse en el propio hogar, además de desatender absolutamente la limpieza del mismo y toda higiene personal y no se por qué, me da la impresión que esta Isla de mis entretelas lleva un tiempo afligida de este trastorno.
La Isla está sucia, muy sucia, demasiado sucia, no solo porque la mierda nos come, no solo porque la mugre nos inunda, no solo porque las basuras se acumulan por los rincones, no solo porque huele a estercolero, no solo porque cucarachas y ratas se


El cinismo y la afinidad por acumular basuras de toda índole, preside la política local que ejercen los cortijeros del bipartito PP/PA, siempre encuentran excusas y culpables, manejan a su antojo, manipulan, mienten sin sonrojo, reinan en su satrapía y cuentan con la indolencia y la pasividad de una mayoría ciudadana, también contagiada por el síndrome de Diógenes.
Y es que son tantos los problemas que esta ciudad padece, es tanta la suciedad acumulada, es tan importante el abandono y la dejadez, es tan acuciante la falta de recursos, el paro y la miseria, la incultura premeditada, el incivismo permitido, los lobbys familiares, las campanas y los meapilas, los súbditos subvencionados, los sindicatos desclasados, los presidentes vendidos, los cofrades y las cofradías, la desmemoria histórica… que salvo un pequeño grupo de, aún ciudadanos, pareciera que toda La Isla duerme, que toda La Isla sueña con procesiones, con cursitos de belenismo, con recreaciones bicentenarias, con acumular basuras.
No quiero parecer agorera, ni pesimista, pero ya sabéis que no creo en la dicha de los bienaventurados ni en los profetas engañabobos, ni en embaucadores, ni en sacaperras, ni en los que hacen lo contrario a sus predicamentos, ni en pócimas mágicas, ni en explotadores ni explotados consentidos, ni en los que agachan la cabeza, ni en los que ponen la otra mejilla, ni en los que se someten y justifican…
¡Joder! porque sin dignidad no se puede vivir y porque aún creo, en el árbol talado que retoña, en recuperar la participación ciudadana y el concepto de ciudadanía, en la política con mayúsculas, porque no se puede echar un yugo sobre el cuello de esta raza, porque jamás se ha puesto al huracán ni yugos ni trabas, porque nadie, al rayo detuvo prisionero en una jaula, porque somos más… Seguiré intentando, con estas torpes letras, animando a mis paisanos a la rebelión contra Diógenes y sus síndromes.